ELECCIONES 2017: ENCUESTA EN LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES

MONITOREO DE TENDENCIA ELECTORALES EN LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES – 19 DE SEPTIEMBRE DE 2017

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TIEMPO Y POLÍTICA EN LA DISPUTA PRESIDENCIAL

Pablo Romá

Aquellos que trabajamos con encuestas de opinión pública sobre tendencias electorales, muchas veces corremos el riesgo de cosificar los resultados de las encuestas y universalizar la competencia electoral como la forma única de comprensión política. Sin embargo, detrás de la competencia electoral existe un proceso desigual que rompe con esta “cristalización” de las opiniones. Me refiero a la temporalidad de las distintas fuerzas políticas en su constitución y desarrollo en una dimensión nacional.

No me propongo realizar una síntesis cronológica de las fuerzas políticas, sino pensar las características, las formas y el contenido que dichas fuerzas asumen y que nos permiten comprender la temporalidad como un horizonte de interpretación del desarrollo de esas fuerzas políticas que pugnan por lograr un carácter nacional.

Hay una máxima muy fuerte en el discurso político actual: “la gente vota candidatos”. Esta máxima, como todo axioma de la política, se basa sobre aspectos de la realidad pero se desentiende de problematizar otros. El axioma se asienta en la crisis de representación de los partidos políticos cuyo momento de mayor visibilidad fue la crisis de diciembre de 2001, pero se desentiende del siguiente problema: un candidatos sin “fuerza” no es un candidato y constituir esa fuerza es el punto central en este momento de la puja electoral.

Comencemos por Sergio Massa y el Frente Renovador, cuyo centro de apoyo para construir y desarrollar su fuerza nacional es la provincia de Buenos Aires. Massa, luego de ganar las elecciones a Diputado Nacional, comenzó a desarrollar una vieja estrategia de construcción política basada en sumar dirigentes de distinto tenor que, aunque compitan entre sí territorialmente, lo potencien como presidenciable. El caso más paradigmático fue la entrada del Intendente de Merlo Raúl Othacehé al Frente Renovador, que auspiciado por el pragmatismo político le significaría a Massa sumar un supuesto caudal de votos y control territorial. Pero al mismo tiempo, significó desteñir la “renovación” condicionando y rebajando el propio armado que se constituyó como oposición al Intendente. En esta lógica fue el coqueteo con Martín Insaurralde y la entrada de Francisco De Narváez, factores que demuestran que algunas sumas en política restan.

Hoy la crisis del Frente Renovador con la salida de algunos dirigentes fundadores del espacio y de otros y, por consiguiente la caída de Massa en términos de intención de votos, complica la constitución de una fuerza política de carácter nacional. La idea de Massa de armar una liga de intendentes de todo el país, frente a la liga de los gobernadores que pretendía armar Scioli, no ha resultado como se esperaba. Esa estrategia no contempló la alianza de Mauricio Macri con la UCR, que fue anticipando acuerdos regionales que le posibilitaron posicionarse como un candidato nacional.

En términos de los resultados electorales hasta el momento, la imagen de Massa sólo ha rozado la victoria en las últimas elecciones a intendente en la Ciudad de Salta, pero frente al amplio triunfo de Urtubey, ese triunfo queda descolorido.

Todavía no queda claro si el acuerdo con Morales se mantendrá como tal, pero la decisión de la Convención Radical establece al menos un límite a dicho acuerdo. Tampoco parece muy sólido los acuerdos en Neuquén y en otras provincias. La dura derrota en las Primarias de Ciudad de Buenos Aires, hablan de un retroceso. Más allá de todo esto, el Frente Renovador congrega una porción del electorado identificado con un peronismo no kirchnerista, permitiéndole a Massa mantenerse a nivel de flotación.

Mauricio Macri y el PRO vienen consolidando un espacio nacional a partir de los triunfo electorales en Ciudad de Buenos Aires y Santa Fé. Pero sobre todo, a partir de dos triunfos políticos, el primero signado por la capacidad de Macri de imponer a Horacio Rodríguez Larreta sobre Gabriela Michetti y el segundo haber logrado que la Convención Radical vote el acuerdo con el PRO sin cuestionar su figura como referente principal del espacio.

Sin embargo, la particularidad en desarrollo de esa fuerza de carácter nacional se encuentra en el principal bastión del macrismo, la Ciudad de Buenos Aires. Macri, tiene que enfrentar un desafío muy importante para su consolidación como presidenciable.

Los números actuales indicarían que Martín Lousteau podría forzar una Segunda Vuelta con Horacio Rodríguez Larreta y dejar al PRO, pero fundamentalmente a Macri, a merced de un voto que no es propio. Porque recordemos que Rodríguez Larreta y Lousteau o el PRO y la UCR (quienes llevan a delante campaña de Lousteau) conforman un mismo espacio nacional. La paradoja radica en que Lousteau puede imponer una cierta paridad de fuerzas en la Ciudad de Buenos Aires, cuando esa proporción no expresa la correlación de fuerzas que tiene Macri sobre Sanz y Carrio. En un país “normal”, Lousteau le aportaría los votos al macrismo para lograr la mayoría absoluta en la elección a Jefe de Gobierno y consolidar a Macri como candidato a Presidente. Aquí se expresa la tensión en la temporalidad que presenta la constitución de una fuerza de carácter nacional como la del PRO y la UCR.

Otra fuerza que esta enmarcada en esta temporalidad es el Frente de Izquierda. Con elecciones históricas en Mendoza y Salta, con la obtención de diputados nacionales, provinciales y concejales en distintos distritos, el FIT tiene por delante nuevos desafíos. El más importante, lograr trasladar el peso electoral como cuarta fuerza nacional hacia una mayor inserción social y política del Frente. El segundo, la posibilidad concreta de elegir sus candidatos a través de las PASO. Si bien, la utilización de las PASO ha potenciado a espacios como UNEN en 2013, o en las últimas elecciones al PRO en Ciudad de Buenos Aires haciendo de su interna la más atractiva, en casos contrarios no ha podido potenciar espacios, como por ejemplo al FPV-PJ en dicho distrito. Queda abierta qué estrategia seguir, si competir o acordar, para concretar los avances de esta fuerza.

En el caso del kirchnerismo la contradicción en la constitución de su fuerza es evidente. Los que entienden la política en términos de las leyes del mercado, sabrán que cuando no hay reglas claras prima el interés individual por sobre el interés colectivo. La proliferación de precandidatos y candidatos a distintos cargos ejecutivos planteó la necesidad de ordenar el espacio. Quién más podía hacerlo que Cristina F. de Kirchner, la Presidente pidió un baño de humildad.

A partir de ese momento el espacio parece ordenarse en una competencia por la presidencia entre Daniel Scioli y Florencio Randazzo, pero el problema de la temporalidad no está resuelto aun. Scioli mantiene una “oposición leal” al kirchnerismo y marca el límite en el desenvolvimiento del Frente para la Victoria. La “oposición leal” significa una contradicción más allá de los términos que la componen, expresa un desgaste de su “posición” ya que no puede llevar adelante su cuestionamiento por estar atrapado en la tela de la lealtad. Pero esa lealtad se sustenta en un dato duro: un 35% de los votos a nivel nacional con una proyección por arriba del 40%.

Scioli es el opositor que convive con la imposibilidad de romper, una angustia desgastante. La angustia desgastante del Gobernador bonaerense es contenida por la fantasía de romper cuando sea electo y para ello cuenta con el apoyo del un sector del PJ “duro”. Sobre esta tensión crece Randazzo, machacando sobre esta “oposición leal” y presentándose como “garante” de la continuidad del Modelo.

Si bien todavía resta la etapa más importante de la campaña electoral, lo que queda planteado en el escenario político actual, es saber cuál es la expresión concreta de esas fuerzas políticas que luchan día a día por constituirse en una dimensión nacional. Cada fuerza política tiene su propia temporalidad, el desenvolvimiento de una estructura que se debe ir adoptando un contenido que le permita desarrollarse en un tiempo complejo y contradictorio.

LAS DIFICULTADES DE LA CENTROIZQUIERDA EN LAS ELECCIONES DE CIUDAD DE BUENOS AIRES

Pablo Romá

Las elecciones en la Ciudad de Buenos Aires, y esto no es una novedad, presentan un escenario complicado para el kirchnerismo. La capital ha sido históricamente un terreno complejo para los Kirchner, pero esa tendencia histórica se encuentra además acompañada por cuestiones de coyuntura electoral y por la performance de sus adversarios.

La Ciudad de Buenos Aires se caracterizó por ser el laboratorio de fuerzas políticas emergentes que se asentaron después de la crisis de diciembre de 2001, cuya manifestación más clara fue la crisis de representación del sistema de partidos.

Sin embargo, desde 2003 el kirchnerismo a nivel nacional y macrismo en la Ciudad, se apoyaron en la salida de la crisis y en la reconfiguración de las identidades políticas. Sin dejar de mencionar que con distintos tiempos y dinámicas, diversas fuerzas políticas del espacio de centroizquierda y de izquierda, también fueron parte de esa emergencia.

En la Ciudad de Buenos Aires, Macri logró influenciar al electorado capitalino, algo que le permitió consolidar en 2007 su llegada a la Jefatura de Gobierno, y actualmente ser uno de los precandidatos favoritos del electorado en la elección presidencial.

En la coyuntura electoral que se aproxima, ronda una pregunta: ¿qué pasará con la centroizquierda? ¿el kirchnerismo puede hegemonizar un espacio que tiene un peso histórico en la Ciudad?

Se puede observar que el espacio de centroizquierda, está en un proceso de fragmentación y permanente reconstrucción. Hoy agrupa a un 31% de los electores y se encuentra tironeado por la gravitación del espacio de la centroderecha en el que se apoya el PRO y al mismo tiempo, por el crecimiento del espacio de izquierda.

Actualmente, en la centroizquierda se encuentran distintas fuerzas tanto del kirchnerismo, como sectores que formaban parte del  agrupamiento FAUNEN como los recientemente formados ECO y SurGen, pero también otras fuerzas como por ejemplo el Movimiento para el Bien Común de Gustavo Vera, la alianza ALBA entre Seamos Libres de Pablo Ferreyra y el PC, entre otros.

Como antecedente inmediato, en la elección a Jefe de Gobierno de 2011, el espacio de centroizquierda sumó alrededor del 41% de los votos, cuando el kirchnerismo con Daniel Filmus logró atraer un 28% del electorado y Pino Solanas casi el 13%, logrando el segundo y el tercer lugar.

Hoy, la centroizquierda podría alcanzar alrededor del 30% y el kirchnerismo podría aspirar a obtener un 20% de votos en las PASO, mientras que en el reacomodamiento de las fuerzas FAUNEN, Martín Lousteau aparece con una intención de votos de alrededor del 9%. El problema reside entonces, en cómo el kirchnerismo puede evitar su retroceso electoral y volverse atractivo para una porción del electorado de centroizquierda.

Desde la crisis del sistema de partidos, el electorado no solo se ha hecho más “volátil”, sino que las propias identidades políticas se han ido reconfigurando.

Sobre aquellos votantes que tienen más de 45 años de edad pesan las identidades tradicionales como el Radicalismo, el Socialismo y el Peronismo. Por ejemplo, la composición mayor de 45 años en los identificados con el radicalismo es del 75%, con el Socialismo el 64% y con el Peronismo el 62%. Sin embargo, Mientras que aquellos que se denominaron Independientes son un pivote entre éstos y las nuevas identidades políticas emergentes donde claramente se encuentran los menores de 45 años. El 65% de los identificados como kirchneristas, el 60% de los identificados como Demócratas, el 60% de los identificados de Izquierda y el 58% que se identifica como Apolítico, son menores de 45 años.

Además del retroceso electoral del kirchnerismo respecto de 2011 y de la crisis de FAUNEN, se observa un debilitamiento del espacio de centroizquierda en la Ciudad que se manifiesta en el propio terreno identitario.

En primer lugar, podemos observar un crecimiento y consolidación del espacio de centroderecha, en el que se ubica el 56% del electorado. Y en este terreno, el PRO logra arrastrar tanto las identidades tradicionales (peronistas y radicales), como las emergentes (demócratas, independientes y apolíticos).

No deberíamos perder de vista que este fenómeno, también ha caracterizado al kirchnerismo, es decir, la confluencia entre identidades tradicionales y emergentes, aunque con distintas características y magnitudes. Pero la diferencia más significativa es que los precandidatos del kirchnerismo como Juan Cabandié, Gabriela Cerruti, Aníbal Ibarra entre otros, no logran posicionarse como una referencia hegemónica dentro del espacio.

En este marco, el kirchnerismo también se ve debilitado por un segundo fenómeno, el crecimiento del espacio de la Izquierda. Este espacio cuenta con el antecedente de Luis Zamora en 2003, que logró el 12,2% de los votos. Hoy, en el espacio de izquierda se referencia en términos identitarios un 13% del electorado y tiene como fuerza más importante al Frente de Izquierda con una intención de votos de casi 6% en las PASO, disputando con el espacio de centroizquierda una porción entre los trabajadores más jóvenes.

Dentro del espacio de centroizquierda no aparece una fuerza política capaz de generar una figura aglutinadora de los potenciales votantes del espacio y por lo tanto el escenario aún sigue abierto.